5 consejos para dar tu primera clase de yoga

Enseñar tu primera clase puede ser una experiencia intimidante. Habrás enseñado varias veces durante tu curso de formación de profesores de yoga y probablemente te haya resultado bastante angustioso, pero es de esperar que lo hayas hecho en un entorno de apoyo, y enseñando a compañeros que sabían lo que hacían y estaban dispuestos a que tuvieras éxito.

Pero, ¿Qué ocurre cuando das tu primera clase en casa? ¿Cómo transfieres lo que has aprendido en tu curso al mundo real? Aquí tienes 5 consejos importantes de Como armar una clase de yoga para empezar…

1. Planificar, preparar y practicar

Algún día serás capaz de recurrir a un vasto banco de asanas y secuencias de flujo para armar una clase incluso sin avisar. Pero por ahora, tendrás que planificar y secuenciar la clase en detalle, preparar la música que la acompaña (si la utilizas) y programarla según la duración de la clase que vayas a impartir. Incluso los profesores con años de experiencia siguen planificando sus clases con detalle; puede que no consulten el libro que tienen delante durante la clase, pero ayuda saber que está ahí. Para ti, como profesor principiante, estará ahí para esos momentos en los que tu cerebro se queda en blanco y necesitas comprobar en qué punto de la secuencia te encuentras; un buen consejo que me dieron fue que mirara a escondidas las páginas cuando todos tuvieran los ojos cerrados o estuvieran en el perro mirando hacia abajo.

Otro buen consejo que me dieron fue practicar conmigo mismo en un espejo, utilizando un temporizador. Al ver tu reflejo en el trabajo, puedes hacerte una idea de cómo te vas a presentar ante tus alumnos. También puedes practicar con algunos amigos, pero siempre estás disponible para practicar contigo mismo en cualquier momento.

2. Mantén la sencillez

No caigas en la trampa de intentar introducir algunas asanas extravagantes para mostrar tu recién adquirido vocabulario de yoga. Merece la pena mantener las asanas en las secuencias lo más sencillas posible, sobre todo porque es posible que no sepas cuál será el nivel de los alumnos. Un alumno avanzado siempre podrá sacar el máximo partido a una clase sencilla, pero un principiante podría sentirse desanimado por algo que está fuera de su alcance.

Apunta siempre al punto más sencillo -siempre puedes empezar la clase diciendo que los alumnos son bienvenidos a trabajar en asanas más complejas si así lo desean- es su práctica y conocen su propio cuerpo. Si quieren practicar una parada de cabeza con trípode mientras todos los demás están en la Prasarita A, entonces está bien. Limítate a las asanas que dominas mejor.

3. Invita a algunos amigos

Si puedes, invita a algunos amigos a tu primera clase y pídeles que se desplacen por el estudio o la sala para que te den apoyo moral. Si conocen la secuencia que estás enseñando, mejor: pueden actuar como demostradores de la clase para que no tengas que estar en todas partes a la vez. Estarán deseando que tengas éxito, al igual que tus compañeros profesores de yoga, y te ayudarán a relajarte y a ser tú mismo. No dejes tu personalidad en la puerta, llévala contigo a la sala.

4. Prepárate para equivocarte

Esto ocurrirá tanto si eres un profesor primerizo como uno con años de experiencia. Lo creas o no, los alumnos suelen reaccionar bien ante un profesor que maneja bien un error: si se ríen de él o toman inmediatamente medidas para corregirlo de forma positiva, puede demostrar que el profesor también es humano, capaz de cometer errores. Esto puede disipar cualquier tensión que se genere en los alumnos que estén preocupados por no poder seguir el ritmo de la clase.

Una clase que se ríe junta, se une. Todo el mundo comete errores, y tú puedes hacerlo, en cualquier etapa de tu carrera. Es posible que tus alumnos ni siquiera se den cuenta del error: respira hondo y continúa. Recuerda que tú (y posiblemente tus amigos) eres el único que conoce la secuencia original, el resto de los alumnos están recibiendo sus indicaciones de ti, en directo en la clase, así que puedes introducir nuevo material o dejar un trozo fuera sin que nadie lo note.

5. Tómate tu tiempo y respira

Recuerda que estás enseñando yoga y no entrenando a atletas para una carrera de velocidad. Conseguir que tus alumnos ralenticen su mente es el objetivo de tu clase, y también debería ser tu objetivo. Debido a que en tus clases de formación de profesores trabajaste con estudiantes que generalmente son más avanzados que el público en general, es probable que tus primeras secuencias sean más rápidas y complejas.

Recuerda que la mayoría de la gente no sabe de yoga tanto como tú y tus amigos yoguis, así que puedes tomarte tu tiempo y respirar entre las posturas. Está bien permitir que los alumnos hagan cinco o más respiraciones profundas en una sola postura mientras tú permites que tu cerebro se reenganche a lo que viene después en tu secuencia. No caigas en la tentación de llenar los silencios con palabras – permite que tus alumnos se conecten con el sonido de su respiración, permitiéndote conectar de nuevo con tus intenciones para la clase.

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